Cuando uno piensa en que la indiferencia es la justificación social de moda para omitir todas las responsabilidades como ser humano, entonces aparece alguien que confirma la regla y la intensifica. Tal vez he perdido la confianza en el ser humano... o tal vez no. Probablemente es que confío en que es más cómodo para muchos solo dejar rastros de su racionalidad y que prefieren disimular estupidez inocente. Es solo una percepción personal, pero a veces pareciera que se reafirma constantemente en los distintos entornos. También es cierto que extraño esas charlas interesantes y profundas que terminaron arrebatadas abruptamente por las leyes de la vida, o ahogadas en el dejo social del “tener que hacer” que otros circundaban mi existencia en su momento. Cada quien decide hacia dónde encamina sus pasos pero a veces es inevitable extrañar el incentivo y raciocinio de algunas personas que, así como yo, eligieron su camino.
El ruido del ambiente es tan trasgresor que es imposible distraer mi atención pero se dispersa casi instantáneamente con la misma agilidad de la del humo del cigarro. No puedo más que pensar en la podredumbre social que muestra la frustración del momento actual y que tan triste distrae y tensa la ya de por sí agresiva situación. Es una escena cotidiana en un café donde alguien gritaba a su teléfono celular depositando el miedo al interlocutor al otro lado de la línea. Una escena común y lamentable que se convierte en la normalidad, donde nadie se sorprende y nadie se altera ya. Y algún intento de evitarlo parece inútil esfuerzo.
Así el mundo funciona, sin amabilidad, sin agradecimiento...
... los minutos noctámbulos, de abusos neuronales, de psicofugas en síncope, de instintos de supervivencia frente a una hoja en blanco, frente al reflejo roto, son siempre instantes precisos para que las 'letras en fuga' aparezcan sobre el papel. La fuga emocional de lucidez o locura; el espacio para quien quiera escapar con sus letras...
martes, marzo 27, 2012
miércoles, marzo 07, 2012
Del amor
¿...y si un día el amor muere de amor?
Triste deceso,
impreso un réquiem en partida hoja parda;
triste, sí...
triste y nocturno alumbramiento con ligereza inversa y adversa.
Tristeza, sí...
inocua tristeza...
cuando el amor muere de amor.
Dispersa idea sentimentalmente opuesta a los opuestos,
puestas todas las miradas en pendientes ojos dispuestos.
Dispuestos, sí...
dispersos en un punto que pende al lado opuesto
de las hojas pendientes de los árboles puestos en disperso campo.
¿... y si el amor muere?
¿Muere disperso...?
¿Muere de amor...?
Mutilación onírica en divergentes caminos,
muertos todos...
caminos inertes en pretensiones oníricas,
muertos ellos...
Nocturna instantánea de alucinaciones bifurcadas.
Sentimientos yuxtapuestos...
sobrepuestos...
interpuestos...
Insensatez inocente e incidente peinando mi piel,
acorazada piel, inflexible sensación epidérmica.
De amor murió el amor...
viernes, marzo 02, 2012
Del hombre
Entre tanta imbecilidad el hombre es conforme y fiel a sus desgastadas costumbres. Es tan importante para sí mismo saberse el único indispensable sobre el mundo, porque muchas de las veces solo finge con un perfeccionado número teatral el amor infinito hacia los seres más cercanos que llama amigos y familia. Es triste observar su ímpetu egoísta que muestra solo la decadencia más deplorable frente a ciertos pertinentes y feroces observadores sociales. Para él, el hombre dispuesto a estos voraces menesteres, la calma y la reflexión son temas desconocidos y se sabe que busca constantemente la felicidad medida por cuánto posee o cuánto ha logrado sobresalir en la selva hostil que le ha cercado en su trabajo, su entorno y sus espacios más íntimos. Es un hombre desdichado; se nota en su mirada la pesadumbre del día, cuando ni siquiera ha llegado la hora de comer. Es la especie predominante, pues se ha demostrado que los nobles de espíritu y los altruistas quedarán relevados a poco o a nada con sus ideas absurdas sobre la felicidad y la armonía y todo eso de respetar al prójimo, con todo lo que esto conlleva. Es un hombre que no ha mirado hacia adentro, aunque si lo hiciera no encontraría nada.
Aún así, entre tanta disputa sin sentido, hay hombres que parecen no pertenecer a esta misma especie, que en sus pensamientos aún existe la idea clara de saberse parte de algo y no lo único que existe. Son personas discretas y distraídas que pasan desapercibidas la mayoría de las veces y que solo los más observadores logran identificar plenamente. Quienes los identifican son, generalmente, también parte de ese gremio al cual ni siquiera tienen conciencia plena de que pertenecen, porque ellos no desean pertenecer a ningún círculo. Estos hombres han logrado cambiar al mundo con sus ideas puestas en obra; han escrito, dibujado, construido, moldeado, compuesto y reestructurado su entorno, sin detenerse a mirar a la sociedad, familia o situación que les rodea, sin estar inmersos en la nata social que lleva las corrientes de sus propios tiempos. Han recorrido distancias que el hombre insensato no se ha imaginado o ha percibido en sueños. Son hombres de letras y hechos y, con ello, han conseguido la sabiduría que les ha regalado lo hermoso de la vida. Tal vez por eso deciden apartarse constantemente del insano entorno que intenta absorberlos pero nunca están completamente desprendidos de él, porque sería un gran desperdicio que toda su sapiencia quede acumulada en su enorme mente, lejos de sus congéneres a quién tanta falta les hace un poco de consciencia.
Dos tipos de hombres que la humanidad ha soñado a lo largo del tiempo...
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